¿Está en crisis el sistema político español?

El desgaste provocado por años de bipartidismo absoluto, junto con la aparición de nuevas formaciones políticas, han vuelto a poner encima de la mesa un debate recurrente: ¿está en crisis el modelo político fruto de esa operación de maquillaje que fue la denominada Transición? ¿Se han de repensar las formas y mecanismos de la democracia burguesa para que sea más operativa? ¿Hay que articular nuevas fórmulas para la legitimación social del dominio burgués o siguen siendo útiles los partidos políticos tal como los conocemos?

A lo largo del primer semestre de 2017 tienen lugar los congresos de los cuatro principales partidos políticos —en número de escaños— del país. A la vista de los acontecimientos y de cómo se están desarrollando las cosas hasta el momento, es razonable pensar que la crisis política, de haberla, está siendo más una crisis de crecimiento y desarrollo de los partidos que una puesta en duda del modelo político general del país. Por ahora, el modelo político burgués español sigue atado y bien atado.

PODEMOS y Ciudadanos están cumpliendo de forma bastante adecuada el papel para el que nacieron, que no es otro que expresar y canalizar cierto grado de descontento y desafección hacia el modelo político bipartidista que encarnaban el PP y el PSOE. Una desafección generalmente presente, pero controlada, cuya gestación se aceleró durante la década de los años 2000, fundamentalmente por efecto del estallido de la crisis económica. Hoy se puede comprobar que, a pesar del pretendido carácter “regeneracionista” del que hacían gala (cada uno desde distintas procedencias políticas), de su “asaltar los cielos” y su “no pactaré con Rajoy”, los nuevos partidos se van adaptando bastante bien a no haber podido tomar ningún cielo por asalto y a haber tenido que pactar con Rajoy, pareciéndose cada vez más, en su estilo y en sus prioridades, a aquellos a los que aspiraban a desbancar. 

El fenómeno de asimilación acelerada que están viviendo quienes venían, supuestamente, a poner patas arriba el mapa político español está siendo antológico.

El espectáculo que ha dado PODEMOS en la preparación, desarrollo y ejecución de eso que llaman “Vistalegre II” recordaba, aunque en una versión más moderna, a los guirigáis que se han montado en algunos Congresos del PSOE. Mientras, la indiscutibilidad de Albert Rivera al frente de Ciudadanos tiene un tufo bastante similar al de los cónclaves peperos, donde no se decide realmente nada porque todo viene ya decidido y la mayor fuente de contradicción seguramente esté en elegir el color de la papeleta con la que se va a votar.  

El fenómeno de asimilación acelerada que están viviendo quienes venían, supuestamente, a poner patas arriba el mapa político español está siendo antológico. Y eso pasa, quizás, porque tampoco había otra voluntad en la mayoría de quienes les han dado su apoyo en estos años. No había, ni hay, en la base social que apoya a Iglesias o a Rivera, mucha más voluntad que modificar algunos aspectos secundarios de la cosa política española, ninguna voluntad de transformación profunda. Lo que hay, y mucho, es una gran insatisfacción por el papel que les ha tocado jugar en la crisis capitalista. Y ahora que muchos son diputados, concejales, o están liberados, o son asesores de cualquier cosa, las cosas empiezan a verse distinto. La moqueta y los sillones atrapan, se impone el posibilismo, se relativizan las cosas y se entra al juego de la responsabilidad, que es el juego más peligroso al que se juega en política. Realmente no es de extrañar, no cabe rasgarse las vestiduras porque ya se veía venir, al menos por algunos. 

Hoy, formando ya parte del escenario político “habitual”, estos partidos tienen todas las papeletas para repetir, quizás de forma más original, más desenfadada o más juvenil, los mismos vicios y defectos del PP y el PSOE. Lo que a éstos les pide quien manda de verdad, la gran patronal, la banca, es que, para sobrevivir y seguir siendo funcionales, sepan resituarse en el mapa con un poco menos de soberbia y entendiendo que su época dorada de juego a dos bandas ha tocado a su fin, que van a tener que compartir el pastel que hasta ahora disfrutaban por riguroso turno. Y si no se cuadran, ahí están, en los escaños de al lado, los que les pueden sustituir. 

El 15M fue sin duda un fenómeno político digno de tener en cuenta. Hizo entrar por la puerta grande de la política a las nuevas generaciones que, con una mezcla de ingenuidad y de posición de clase (radical pequeñoburguesa), pedían su espacio en el reparto del pastel. Como ese adolescente enrabietado que exige que le dejen tomar vino en las comidas familiares porque ya es lo suficientemente mayor, sus actos de rebeldía, estéticos y limitados, no son más que llamadas de atención al mundo adulto para que empiece a tomarle en consideración. Ahora que los “adultos” han compartido vino, mesa y mantel con los “jóvenes” y no se ha roto ningún plato, se nos ha caído el cielo encima ni se ha creado ningún sóviet, podemos seguir a lo que estábamos, ¿no? 

Si la pequeña burguesía ha tomado posiciones en el escenario político es porque la clase obrera carece de representantes dignos de tal nombre, capaces de situar en el debate político una agenda propia que priorice a los trabajadores y aglutine en torno a ellos al resto de capas sociales. La desorientación ideológica que trajeron los 90 sigue pegando fuerte, y las huidas hacia adelante —o hacia atrás— son sumamente peligrosas porque expresan, siempre, que no se quiere estar donde a uno le ha tocado. Eso, en política, es arriesgado pero, sobre todo, irresponsable, porque todo el mundo sabe que, por mucho que cambies de canal, la malas noticias del telediario no desaparecen. El paro sigue ahí, la explotación sigue ahí y el sufrimiento sigue ahí. El reto está en saber hablar de paro, de explotación y de sufrimiento y ofrecer una propuesta organizativa basada en una alternativa global, realista y coherente, capaz de aglutinar a millones. Ese es el reto. Correr de un lado a otro como pollos sin cabeza mientras las condiciones de vida y trabajo son cada vez peores para una gran mayoría no es un reto, es un despropósito.

No Comments Yet

Comments are closed

© Bonjour Karl 2017