Sale Bonjour Karl a la luz en un 21 de febrero

Sale Bonjour Karl a la luz en un 21 de febrero coincidiendo con una doble efeméride: por un lado en el día de la publicación, hace 169 años, del Manifiesto del Partido Comunista escrito por Karl Marx y Friedrich Engels, y por otro lo hace en el año en que se cumple el primer centenario de la Gran Revolución Socialista Soviética. 

Estamos por lo tanto en unas fechas donde, si sabemos no caer en la tentación del simple festejo histórico, podemos acercarnos a ello para construir el aprendizaje más valioso, aquel que viene, desde la experiencia histórica práctica, a nutrir el acumulado teórico actual para la práctica de hoy.

Por eso desde Bonjour Karl conmemoramos un Manifiesto Comunista que es algo más que una radiografía de las inequidades e injusticias del capitalismo, e incluso más que la obra inspiradora de la Comuna de París. El Manifiesto Comunista es al fin la conexión entre la teoría científica del comunismo con las organizaciones del proletariado y sus luchas, convirtiéndolo en un programa teórico-práctico que dota a la lucha del proletariado del marco ideológico mediante el cual adquiere proyección universal trascendiendo los particularismos regionales.

Por otro lado, conmemoramos la Revolución Soviética porque de entre sus enseñanzas podemos destacar que puso de manifiesto por una parte el potencial y la capacidad de la clase obrera como única clase verdaderamente revolucionaria hoy, y por otra el papel insustituible del Partido Comunista como fuerza dirigente de la revolución proletaria.

Son dos conmemoraciones con enseñanzas valiosas para el presente. Dos conmemoraciones que hacemos desde el pleno conocimiento de vivir en un momento histórico donde a la vez que aún resuenan las trompetas victoriosas del capitalismo, estas lo hacen sobre las ruinas expoliadas de los pueblos que junto a la URSS construían el socialismo en el este y centro de Europa. 

La victoria de la contrarrevolución ha sido muy dolorosa, pero toda la propaganda que acompañó a la misma, incitando a la propia clase obrera mundial a festejar el triunfo de sus cadenas, se disuelve como bruma al sol a poco que se mire. Y éstas son fechas que deben convertirse en propicias para mirar y ver cómo decimos derrota y no colapso porque la misma no cambia la necesidad del socialismo al no conseguir en lo más mínimo disminuir las contradicciones del capitalismo mostrándolas como lo que son: irresolubles. El capitalismo, lejos de conocer en estos años una época de esplendor y bienestar, agrava sus contradicciones mostrando a las claras sus límites históricos haciendo más vigente, si cabe, la necesidad del socialismo.

¿Dónde está aquel mundo ideal que prometían y que superaría todas las lacras de la humanidad? ¿Dónde están la Paz, el Pan y el Trabajo? ¿Dónde la Justicia? ¿Dónde la Libertad? En el capitalismo no es posible.

El socialismo, aún en su desarrollo truncado, demostró su superioridad para lograr resolver los grandes problemas de la humanidad anteponiendo en la producción la satisfacción de las necesidades del ser humano en contraposición a la creación de mercancías destinadas al mercado y a la generación de beneficios basados en la apropiación de la plusvalía cuando no sumándoles el robo y el expolio.

25 años después de truncada la experiencia soviética aún aguanta la comparación y la distancia se acrecienta por momentos: jornadas de trabajo de 35 horas semanales, jubilación a los 60 años para los hombres y a los 55 para las mujeres, pleno empleo, derecho real a la vivienda, sanidad, educación, freno a las guerras imperialistas, etc. Todo eso fue la experiencia soviética.

El Capital lo sabe y miente cuando nos habla de la experiencia socialista, y cae ya en el esperpento cuando falsifica la historia y pretende equiparar el comunismo libertador de los pueblos de Europa con el fascismo asesino e invasor. Un fascismo salido de las propias entrañas del Capital como dictadura terrorista del mismo en momentos de crisis, cuando ni siquiera la democracia formal burguesa es capaz de sostenerse como sistema político de la dictadura del capital.

Nuestro enemigo de clase lo sabía y lo sabe bien, necesita mantener un rastro de bruma sobre los ojos de la clase obrera, necesita desarrollar todo su potencial de distracción y engaño porque sólo sobre el caballo de la alienación podrá seguir construyendo su riqueza sobre la miseria de la inmensa mayoría, aún poniendo en peligro con su depredación la propia pervivencia del ser humano como especie. Como un parásito que mientras liba la sangre inyecta su veneno adormecedor sobre la víctima, así el Capital usa todos sus mecanismos de educación ideológica y de manipulación de masas para anestesiar la conciencia de la clase que está llamada a cumplir su misión histórica.

Pero ¿dónde está la respuesta? Se preguntan quienes pretenden justificar su inacción o su traición en el derrotismo, haciendo recaer sobre la propia víctima la culpa de su situación. Más la respuesta la encontramos creciendo día a día en cada hecho concreto de movilización de la clase obrera a la barbarie capitalista. Una respuesta importante, necesaria, insustituible aunque insuficiente. Es una pierna poderosa pero que no basta para poner en pie a ese gigante de la clase obrera que tomó el cielo por asalto en la Comuna de París o en la Revolución Soviética.

La otra pierna, cuya existencia e importancia queda reflejada en la afirmación de Lenin: “sin teoría revolucionaria no hay práctica revolucionaria”, está adormecida por los venenos de la alienación, el diversionismo ideológico, el derrotismo… y también por la crisis en el seno del Movimiento Comunista Internacional. Adormecida pero no muerta. En aquellos días que siguieron a la caída del muro de contención antifascista en Berlín, y que supuso el símbolo de la victoria de la contrarrevolución, desde aquellos mismos días, se mantuvo un pulso débil que bien se podría representar con la expresión “à demain Karl” surgida por entonces y que recogía la esperanza en la llegada de un mañana a la vez que anunciaba la entrada en una noche oscura.

Nuestra publicación aspira a contribuir a ese despertar necesario que precisa superar dificultades, reagrupar filas, aprender de las lecciones del pasado, y crear las propuestas para el presente en clave de construir el futuro de la clase obrera en un mundo sin explotación.

Nuestra publicación aspira a contribuir por tanto a la exterminación del parásito mediante la difusión de trabajos que ayuden a que jamás la clase obrera vuelva a festejar sus cadenas y empiece a pensar de nuevo en tomar el cielo por asalto.

Bonjour Karl.

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