Una crítica al posmodernismo, nueva forma de revisionismo (Introducción)

“El complemento natural de las tendencias económicas y políticas del revisionismo era su actitud hacia la meta final del movimiento socialista. «El objetivo final no es nada; el movimiento lo es todo»: esta expresión proverbial de Bernstein pone en evidencia la esencia del revisionismo mejor que muchas largas disertaciones. Determinar su comportamiento caso por caso, adaptarse a los acontecimientos del día, a los virajes de las minucias políticas, olvidar los intereses cardinales del proletariado y los rasgos fundamentales de todo el régimen capitalista, de toda la evolución del capitalismo, sacrificar esos intereses cardinales en aras de las ventajas verdaderas o supuestas del momento: ésta es la política del revisionismo. Y de la esencia misma de esta política se deduce, con toda evidencia, que puede adoptar formas infinitamente diversas y que cada problema más o menos “nuevo”, cada viraje más o menos inesperado e imprevisto de los acontecimientos —aunque sólo altere la línea fundamental del desarrollo en proporciones mínimas y por el plazo más corto—, provocará siempre, sin falta, una u otra variedad de revisionismo”. 

Marxismo y revisionismo, Lenin

Las siguientes reflexiones pretenden ser un intento para dar una base ideológica a la lucha contra las nuevas formas de oportunismo político. Tal análisis se abordara desde los principios del marxismo-leninismo.

Esta confrontación ideológica se centrará en aquellos voceros que plantean —de forma, estructurada y coherente— nuevos enfoques en la lucha contra el sistema de explotación capitalista. Estos planteamientos tienen una base ideológica propia, a la cual llamaremos ‘posmodernismo’.

El análisis del posmodernismo nos permite desvelar la lógica interna de las más amplias, peregrinas y novísimas formas de oportunismo, así como dar herramientas para analizarlo, predecirlo y confrontarlo.

La lucha ideológica, como toda lucha, es dialéctica. El conflicto dialectico resuelve la lucha de contrarios a favor del elemento de progreso. Esta resolución del conflicto no se salda tan sólo con la victoria de uno y la derrota de otro, sino que se asimilan todos los elementos “positivos” del derrotado para incorporarlos al vencido. Así, partiendo de un nivel más elevado, se da respuesta a los nuevos retos de la lucha de clases en nuevos estadios, siempre bajo los firmes principios del marxismo-leninismo.

A día de hoy, la lucha de clases se encuentra en un punto álgido. La lógica del capital tiende a retorcerse, retorciendo cada vez más el cuello de las capas oprimidas. Las más amplias masas necesitan una solución a la difícil situación de penurias acuciantes en el marco de la crisis capitalista. Sin embargo, el ambiente ideológico está, por así decirlo, enrarecido. 

Ya nada parece universalmente válido, todos los valores sólidos se desmoronan y todo acaba regido por la fría lógica del capital. En el Manifiesto Comunista se decía: “Todo  lo que se creía permanente y perenne se esfuma, lo santo es profanado, y, al fin, el hombre se ve constreñido, por la fuerza de las cosas, a contemplar con mirada fría su vida y sus relaciones con los demás”.

Hay algo, una atmósfera, que ha dejado a la clase obrera y a las capas populares sin referentes, vacíos. Parece muy difícil que, en el panorama político actual, emerja, como fuerza material, un proyecto partidario sólido dotado de un cuerpo doctrinario armónico y arrollador. ¿Doblaron las campanas para el Partido Bolchevique?

En esta situación, con un ciertos aspectos novedosos y originales, cabría plantearse quizás renovar las herramientas teóricas con las que ha contado el movimiento de emancipación del proletariado.

Es un hecho: hay un rechazo fuerte hacia la “ideología”, el “ismo”, la política; prima, en cambio, el individuo, la inmediatez, y las redes sociales parecen abrir aparentemente una forma nueva —pese a superficial— de democracia y participación.

Internet ha desarrollado hasta lo inimaginable la comunicación, ha puesto en contacto a las personas de una punta a otra del globo. 

Se dice que vivimos una “tercerización de la economía”, en una época postindustrial, posfordista. Lo decía Lyotard: “Nuestra hipótesis es que el saber cambia de estatuto al mismo tiempo que las sociedades entran en la edad llamada postindustrial y las culturas en la edad llamada postmoderna”.

Se dice que los obreros fabriles son unos privilegiados en comparación con el “precariado” —móvil, culto, dinámico—, algunos dicen que la clase obrera ha desaparecido. La preocupación no es ya la explotación en la fábrica, sino una suerte de alienación de toda la vida social. 

No hay manual de management empresarial que se precie que no exponga esta tesis basada en la teoría de la “utilidad marginal”: el conocimiento es lo que da más valor añadido. 

El intelectual se autoerige como el nuevo nervio y centro del sistema.

A Castoriadis, Debord, Adorno, Marcuse, Gorz y demás intelectuales parece que se les da al final la razón a destiempo; nunca le dieron importancia a la clase obrera. Proletariado contra burguesía no fue su esquema. 

La forma clásica de ver la cuestión era: el Capital y el Estado burgués como algo sólido enfrentado a una clase obrera endurecida por los rigores del trabajo y disciplinada por las rutinas de la fábrica. 

Esta clase obrera quizás no tenía consciencia de sus tareas revolucionarias pero, si era dirigida por su vanguardia política, podía y debía dirigirse hacia la toma del poder, hacer la revolución y emancipar a la humanidad en pleno de la larga noche de la explotación, acabando con la lucha de clases. 

Para Castoriadis, Debord, Adorno o Marcuse la cosa era diferente: el enemigo era un no sé qué difuso, sutil y retorcido, laxo y etéreo. 

A éste enemigo de nuevo tipo se le había de enfrentar con algo nuevo: psicoanálisis, teoría crítica, los movimientos sociales dispersos (el precariado, el ciudadano, el estudiantado, el movimiento LGTBI, pro-legalización de la marihuana, okupa, etc.), con una organicidad laxa, donde se podría promover adecuadamente la libre creatividad, la no-limitación del soñador-luchador.

Desde hace décadas, los novísimos movimientos sociales surgen por doquier, demostrando, en muchas ocasiones, altas dosis de radicalidad y transgresión en sus luchas. 

Ejemplos son el movimiento estudiantil, el Mayo del 68, las luchas identitarias, el feminismo de tercera ola, el movimiento okupa, el movimiento ecologista, el movimiento por el software libre, el movimiento por la liberación animal, la lucha antiglobalización… las formas de lucha se renuevan con batucadas, performances y aireamiento libre de las particularidades de cada cual. 

No sólo hay la mano del imperialismo yanqui en el “éxito” de las Pussy Riots. El 15M no fue fruto de una conspiración. Y que de la noche a la mañana hayan surgido los intersexuales, asexuales, demisexuales, pansexuales o poliamorosos.

A día de hoy, en lo organizativo, se reproducen como esporas la concepción en la que el sindicato y los partidos políticos (sobre todo el Partido Comunista) deben ser denigrados. Lo nuevo es la organización en red: con personas diversas, sin centros, sin dirigentes, sin homogeneización. 

Una movilización con banderas (sobre todo si son comunistas) es una falta de respeto a lo heterogéneo, a la pluralidad; una instrumentalización de algo ajeno hacia el movimiento por el movimiento.

Las mujeres ahora deben luchar menos por unos mejores salarios o por defender su dignidad, para que nadie les diga que son menos que un hombre. Ahora luchan más contra los micromachismos, la depilación, la talla 38 de ropa interior, etc.

Es un fenómeno profundo que supera fronteras. No sólo lo encontramos en Europea y EEUU, también en América Latina: la vieja guerrilla de corte leninista, disciplinada y vertical, ¿es desplazada por la guerrilla horizontal, en red, con rangos militares extraños y descentralizada? El Ejército Zapatista de Liberación Nacional es un nuevo tipo de guerrilla que alardea de ser experta en las nuevas tecnologías de la comunicación y que, en su momento, en torno suyo, generó una red de solidaridad por todo el mundo con implantación notable en España o en Italia.

Sin embargo, ¿lo muy nuevo no recuerda un poco a lo muy viejo? 

A veces recuerda al socialismo utópico. El nexo común de todas estas nuevas tendencias es ¡no confrontar directamente al sistema!, si no escapar de él: crear un Walden entre los bosques, el espacio donde liberarse del invencible yugo del capital. A veces recuerda al anarquismo, con su concepción desorganizada de la lucha. A veces al reformismo, al abanderar las micro-causas.

Tenemos un cuadro complejo delante de nosotros. 

¿Sabemos captar la lógica de todo esto? 

Tal lógica, claramente antagónica al marxismo-leninismo, ¿es positiva o negativa para acabar con el sistema de dominación capitalista? 

¿Estas teorías novísimas pueden prestar alguna ayuda para conseguir la superación revolucionaria del capitalismo? 

¿Las viejas ideas del marxismo-leninismo se han anquilosado en el siglo XIX y XX, siguen siendo válidas para acometer la revolución en el siglo XXI? 

¿A caso los comunistas debemos “posmodernizarnos” y enriquecernos con estas corrientes de nueva generación? 

En sucesivas entregas intentaremos contestar estas y otras preguntas.

© Bonjour Karl 2017