La estiba: el privilegio de organizarse y luchar

“Ay, que yo no tiro, que no. Ay, que yo no tiro contra mis hermanos!”

(Canción popular de la Guerra Nacional Revolucionaria. Anónimo)

Dividir a la clase obrera en jaurías mutuamente hostiles y azuzar a éstas  ha sido y sigue siendo el principal exorcismo del opresor para conjurar cualquier amenaza de unidad clasista que ponga en jaque su poder.

En estas semanas, el Real Decreto-ley 4/2017, de 24 de febrero, engendro de la sentencia del TJUE, ha suscitado un debate en el que los propietarios de los medios  de producción, a través de los medios de comunicación (de los que también son propietarios), han desatado una ofensiva  de violencia inusitada contra el colectivo obrero de carga portuaria y (¿cómo no?) contra sus organizaciones sindicales. 

Libertad irrestricta para los grandes monopolios internacionales del transporte de mercancías y  sumisión al dictado de la UE es la orientación fundamental del Decreto Ley que destruye la regulación laboral en los puertos. El Decreto implementa con creces y hasta exceso de celo la jurisprudencia del TJUE, inspirada a su vez en la doctrina de la libertad de establecimiento que enuncia el artículo 49 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea.

El linchamiento mediático de los estibadores dirigido por el capital y sus perros rabiosos  ha pivotado sobre ejes muy variados y peregrinos. Se ha hablado y ladrado sobre el incumplimiento de la sentencia que cuesta a “España” 27.000 euros diarios, sobre el pecado original (el oligopolio fundado por Girón de Velasco), el gremialismo precapitalista, la brecha generacional y el blindaje de los veteranos, los sueldos escandalosos y el nepotismo. Enésima reposición de un clásico: el obrero en el papel de villano. Y no estuvieron ausentes las  referencias a Elia Kazan, Marlon Brando y la mafia de los muelles de Nueva York.

La modificación del régimen laboral impuesta al sector de carga y descarga de mercancías significa un ERE extintivo a los 6.000 obreros portuarios españoles con indemnización a 20 días por año. De aplicarse esta reforma estaría garantizada la desaparición en pocos años del colectivo obrero portuario y de la propia estiba como profesión. 

El argumento subyacente, el más convincente: millones de parados lo harían por mucho menos. ¿Para qué tenemos el ejército de reserva sino para presionar a la baja sobre el  salario? Para el capital es una necesidad objetiva hacer desaparecer de la arena de la lucha de clases a un colectivo obrero capaz de pujar al alza por las condiciones laborales del conjunto de la clase obrera.

Expuesto muy someramente, la modificación del régimen laboral impuesta al sector de carga y descarga de mercancías significa un ERE extintivo a los 6.000 obreros portuarios españoles con indemnización a 20 días por año. De aplicarse esta reforma estaría garantizada la desaparición en pocos años del colectivo obrero portuario y de la propia estiba como profesión. Cien jornadas realizadas en el servicio portuario de manipulación de mercancías, o la pertenencia a las tripulaciones de los buques procedentes de países donde las condiciones laborales son de semiesclavitud, eximirían de estar en posesión de la cualificación necesaria, de la titulación profesional y el correspondiente certificado de profesionalidad para trabajar en la descarga. 

Dijo un cargador portuario: “Tengo un trabajo fijo y bien pagado y unos derechos sindicales fuertes. Ahora me han dado una pistola en forma de 20 días por año trabajado y quieren que me suicidie pagándome yo mismo la bala y calladito por el interés suyo general”.

El Decreto Ley abre las puertas a la privatización plena de la gestión del empleo y la entrada a saco del prestamismo laboral y del trabajo por horas representado por las empresas de trabajo temporal. Allana el camino al  despido de los trabajadores con derechos, para contratar otros más baratos y precarios. La liberalización del sector significa extinción de los contratos indefinidos, sobreexplotación y abaratamiento de la fuerza de trabajo.  Liquidación de los convenios colectivos en vigor y “nulidad de aquellas disposiciones que restrinjan la libertad de contratación” serán las consecuencias de la desregulación liberal del trabajo en los puertos de España.

Eso sí, el Decreto, generosamente, reconoce a los trabajadores “el derecho a rescindir su contrato siempre que se les cause un perjuicio sustancial”.

Dijo otro trabajador: “Nada de movilizaciones ni negociaciones colectivas, lo moderno, lo guay, es el trabajador negociando individualmente con el empresario en ‘igualdad de condiciones’ [aquí iría un emoticono meándose de risa], como manda el neoliberalismo.
A ver si al final, además de trabajo van a exigir salarios dignos. Así no habría forma de acumular y concentrar riqueza en unos pocos emprendedores que se sacrifican por el bien de la humanidad”.

Se les criminaliza porque defienden su salario. Pero más salario no significa menos salario para el resto de trabajadores, sino menos ganancia para la patronal, y ahí está el quid de la leyenda negra sobre la estiba.

Odian y temen, y quieren hacer que odiemos y temamos a los estibadores por estar organizados y preparados para confrontaciones duras y eficaces y ser capaces, sí, de blindar sus derechos, que son los de toda la clase trabajadora. Por exigir el reconocimiento de la carga y descarga como servicio de interés general y no como mera fuente de beneficio para los monopolios. Por defender lo que arrancaron negociando con presión y movilización a las patronales del sector, por exigir la subrogación de las plantillas afectadas, la aplicación a los nuevos y nuevas trabajadoras de las condiciones establecidas por el convenio. Por gozar del privilegio, ése sí grande, de ser un colectivo con visión de clase, con organización sindical, con método asambleario, con perspectiva internacionalista, con capacidad de combate.

Se les criminaliza porque defienden su salario. Pero más salario no significa menos salario para el resto de trabajadores, sino menos ganancia para la patronal, y ahí está el quid de la leyenda negra sobre la estiba.

No pueden tolerar que les apoyen los estibadores de todos los puertos y mares del mundo, los del metal, los del naval, los mineros del carbón, los obreros y obreras del campo y la pesca, todos ellos conocedores en carne propia de las ventajas de la liberalización, de las privatizaciones, del euro, de la UE, del capitalismo, de la anarquía de la producción, de la  desindustrialización, de la destrucción de sectores productivos enteros y de derechos conquistados en decenios de lucha organizada de la clase obrera.

El 6 de marzo vuelven a la huelga. Ellos lo llaman chantaje, nosotros lo llamamos lucha de clases.

Dijo un estibador de Barcelona: “Estamos unidos en el Puerto y en la Coordinadora. Nos tendrán que sacar muertos a todos”.  

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