Tina Modotti: «El arte no puede existir sin la vida»

«…mis problemas con la vida dificultan mis problemas con el arte. Ahora bien, ¿qué es eso de “mis problemas con la vida”? Es, principalmente, un esfuerzo por desprenderme de la vida para ser capaz de entregarme totalmente al arte. Y en esto sé perfectamente lo que me vas a responder: “El arte no puede existir sin la vida”».1

Tina Modotti 

Finalmente, Tina Modotti optó por desprenderse del arte para entregarse totalmente a la vida. Tanto es así que, cuando alguien le preguntó durante su militancia en las Brigadas Internacionales en la guerra civil española por qué no cogía la cámara para hacer fotografías ella respondió: «No, no puedo hacer dos trabajos a la vez». Y respondió desde la seguridad de quien lo ha intentado y muchas veces conseguido. Ella intentó hacer confluir en sus fotografías sus inquietudes estéticas y su militancia política. Y se preguntó si la práctica fotográfica, si el arte, podía asumir este reto. 

Su cámara miró de frente a sus iguales, era una cámara posicionada políticamente en un reconocer y visibilizar a las clases populares mexicanas; en hacer emerger a los invisibles; en dar fuerza a los movimientos políticos del México posrevolucionario y del socialismo internacional. 

Mujer llevando una jícara yecapixtle. Tehuantepec, 1929. Foto: Tina Modotti.

Ella fotografió a los campesinos leyendo periódicos revolucionarios; las manos de las mujeres de su clase lavando la ropa de las familias burguesas; al méxico rural; las manifestaciones de agricultores reclamando su tierra. Y recreó los símbolos del comunismo, fotografió la hoz y el martillo con la solemnidad de quien conoce la importancia y trascendencia de aquello que representa.

Sí, ella pudo hacer los dos trabajos a la vez. Durante un tiempo de su vida, las condiciones sociales, políticas y personales que la rodeaban le permitieron ocupar un espacio de unión arte-vida, fotografía-militancia, acción-representación. Pero cuando no pudo ser, Tina se desprendió del arte, y se quedó en la vida. 

La mirada de una fotógrafa está íntimamente ligada a su experiencia de vida. Fotografiar es mirar, es centrar la atención en unas realidades y no en otras; implica la voluntad de dar a conocer unas experiencias de vida y no otras, fotografiar es encarnar un compromiso con el mundo que habitas y tu lugar en él. En definitiva, fotografiar es un acto político, en el sentido más amplio de la palabra, y la obra de Tina Modotti es un ejemplo de ello. Ella llegó a México y se fijó en sus iguales, en las clases populares de aquel país que rezumaba supervivencia y trabajo duro. A partir de ahí, con un interés claro en las gentes y en sus condiciones de vida, construyó su mirada fotográfica a la vez que se formaba políticamente en el Partido Comunista, creando poco a poco una mirada única, posicionada en su condición de mujer, extranjera, artista y militante comunista en el México de principios de siglo. Sobre la fotografía, decía lo siguiente:

«La fotografía, porque sólo puede ser realizada sobre el presente, y sobre lo que existe objetivamente delante de la cámara, se afirma como el medio más incisivo para registrar la vida real en cada una de sus manifestaciones. De ahí su valor documental (…) Si a esto añadimos sensibilidad y conocimiento de los temas, junto a una idea clara del lugar que se ocupa en el desarrollo histórico, el resultado será digno, creo, de ocupar un sitio en la producción social, a la que todos debemos contribuir».2

Manos de un campesino. México, 1927. Foto: Tina Modotti.

Tina Modotti nació en Údine, Italia, en el seno de una familia obrera y consciente. Creció en la Europa de la revolución industrial, su familia era pobre y sus ideas socialistas dificultaban la búsqueda de trabajo, lo que obligó a su padre a emigrar a América. Después marcharía el resto de la familia, incluida ella. Al llegar a México, su mirada obrera se reconoció en las personas que tenía ante ella y serían estas personas, las indígenas, las campesinas, los obreros de la construcción… los que acabarían años más tarde representados, con una dignidad desafiante, en sus fotografías.

La literatura sobre la vida y obra de Tina Modotti clasifica su fotografía en dos periodos, un periodo romántico de 1923 a 1926 y un periodo revolucionario de 1926 a 1930. También es habitual ver cómo su trabajo es narrado a través de su vida personal, sus amores y desamores, o su físico exótico y, por supuesto, es habitual verla representada como ‘compañera de’, ‘aprendiza de’, ‘amante de’, ‘musa de’… siempre a la sombra de hombres de la vida política y cultural mexicana. Es bueno que aprendamos a narrarnos utilizando lenguaje propio, así que no vamos a usar las formas, las categorías, clasificaciones o el lenguaje del enemigo ni del patriarcado. Lo revolucionario no puede, de ninguna de las maneras, ser un periodo en una trayectoria artística y menos en la de alguien como ella. Tina Modotti navegó durante toda su existencia entre la vida y el arte, entre la militancia y la fotografía. Al principio, sus fotografías  no respondían a sus inquietudes políticas, pero poco a poco su formación política maduró al mismo ritmo que su formación fotográfica y durante unos años ambas caminaron de la mano. En los años finales de su vida Tina dejó a un lado la fotografía para dedicarse de manera exclusiva a su militancia política desde la solidaridad internacionalista. No podía ser de otra forma para una mujer que, con diecisiete años, se había montado sola en un barco que partía de Génova cargado de emigrantes rumbo a Nueva York y que había hecho suyas las condiciones de vida de la clase obrera mexicana. Este recorrido vital nos impone otra forma diferente de organizar o clasificar su obra, basada en las diferentes relaciones entre fotografía y actividad política en cada uno de sus momentos vitales. 

Niño campesino. México, 1925-1926. Foto: Tina Modotti.

1923-1926. Fotografía y militancia. En el año 1923 Tina Modotti llega a México en compañía de Edward Weston y trabaja para él como asistente de fotografía. Durante los años de trabajo con Weston aprende en profundidad el oficio, el manejo de las cámaras y puede practicar en torno a la forma, la composición o el ritmo. Estos aprendizajes se dejarán ver en fotografías futuras en las que Tina conserva el estilo aprendido pero cambia la temática: las composiciones de copas de cristal se convertirían en sinfonías de sombreros campesinos en una manifestación. En estos años pasa a formar parte de la vida cultural y política Mexicana posterior a la revolución, e inicia sus primeros contactos con el Partido Comunista de México. En un primer momento, una parcela de su vida no inunda la otra, Tina lleva por separado sus dos procesos de formación, el político y el artístico. Aunque es así en este momento, la simbiosis entre ambos va a ser cada vez más inevitable y va a poder emerger en el momento en que Tina deja de trabajar como asistente de Weston y comienza a fotografiar siguiendo su instinto.

Trabajador leyendo El Machete, periódico del PCM. 1927. Foto: Tina Modotti.

1926-1934. Fotografía militante. En torno a 1926 Tina Modotti, una vez dominada y aprendida la técnica y la composición en su trabajo como asistente de fotografía, deja aflorar su mirada desde quien es, desde su posición y su manera de interpretar el mundo. Su activismo político y su actividad fotográfica van de la mano en su colaboración con la revista Machete, publicación de teoría y política del PCM. En estos años fotografía luchas sociales, obreros trabajando o mujeres amamantando a sus bebés. De estos años son también las conocidas imágenes de manos de obreros agarrando su pala o manos de mujeres lavando ropa. Las manos, cansadas, sudorosas, arrugadas, sucias, empuñando firmes la herramienta de trabajo, son las encargadas de contarnos las condiciones de la clase trabajadora mexicana. Tina, cada vez más conocida por su compromiso social y su actividad política, se convierte pronto en objetivo de los poderes mexicanos, que aprovechan su presencia en el asesinato de Julio Antonio Mella, líder estudiantil cubano, para acusarla y expulsarla del país. Comienza aquí su proceso progresivo de separación de la fotografía y de dedicación a la militancia comunista en el Socorro Rojo Internacional y en las Brigadas Internacionales en Berlín, Moscú y España.

1934-1942. Militancia sin fotografía. En el año 1934, una Tina Modotti entregada plenamente al cuidado de los demás se une a las Brigadas Internacionales de la guerra civil española. Algunos datos cruzados de quienes compartieron con ella estos años afirman que siempre llevaba una Leika. Si es así, las fotografías de ese periodo están guardadas a buen recaudo porque no se vuelve a conocer más producción fotográfica de Tina Modotti a partir de estos años. Como ella decía, no había tiempo para dos trabajos y el importante se imponía en los hospitales de campaña. Al acabar la guerra civil, inicia el exilio que le traerá de vuelta a México, donde muere de un infarto a la edad de cuarenta y seis años.

Mujer con bandera. México, 1928. Foto: Tina Modotti.
Hoz y martillo. México, 1927. Foto: Tina Modotti.

Tina Modotti es una de esas personas cuya trayectoria vital, extremadamente corta, la ha convertido en un referente artístico y político, y es referente en ambas facetas de su vida porque supo encarnar las dos a la vez. En un tiempo en el que está de moda el arte “socialmente comprometido” es bueno pararnos a pensar qué arte es el que sirve a la causa revolucionaria y cuál es, por el contrario, un mero decorado del sistema, necesario incluso para su supervivencia. La obra de Tina Modotti es buen lugar desde el que pensar estas cuestiones y su trayectoria artística y vital un claro ejemplo de cómo el arte puede ser herramienta de lucha.

Aprendamos de la historia, tenemos referentes. En tiempos tan desconcertantes políticamente como los actuales, y tan frágiles en lo ideológico, es fácil dejarnos llevar por la sensación de que partimos de cero, víctimas de las lógicas del silencio que nos han impedido escuchar a quienes iniciaron el camino antes que nosotros y nos lanzaron el hilo del que seguir tirando. Hagamos emerger a nuestras figuras de referencia. Y Tina Modotti es un referente como comunista y como artista, precisamente porque entendió que hay momentos en los que el arte no cabe y hay que dejarlo a un lado para entregarse a la vida.

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1 Fragmento de carta escrita a Edward Weston en 1925 en Debroise, Olivier, Fuga mexicana: un recorrido por la fotografía en México, Edit. G. Gili, Barcelona, 2005, Pág. 317.

2 Fragmento del manifiesto sobre la fotografía escrito y leído públicamente por Tina Modotti en la primera exposición individual de su obra en la Biblioteca de la Universidad Nacional de México, en el año 1929.

© Bonjour Karl 2017