Una crítica al posmodernismo, nueva forma de revisionismo (II. Una revisión integral y harmónica de las premisas fundamentales)

Pese al esfuerzo de este plumífero, las siguientes líneas pueden llegar a ser densas. 

Intentaremos exponer brevemente los fundamentos teóricos de las diferencias de principios entre la cosmovisión integral del marxismo-leninismo y el posmodernismo. Sin embargo, pese a la voluntad de ser concisos tales cuestiones requieren cierta extensión.

Pido perdón de antemano, sugiriendo una lectura lenta y reflexiva.

La revisión del materialismo dialéctico y el materialismo histórico

El  marxismo-leninismo tiene su primera fuente en la filosofía alemana. 

Superando de manera cualitativamente superior, los clásicos sintetizaron el materialismo del siglo XVIII con el sistema dialectico de Hegel; llegando a una concepción del mundo, una doctrina harmónica, completa y profunda, ajena a la unilateralidad, fundamentada en el desarrollo y el cambio de la materia.

Los clásicos del marxismo-leninismo siempre dieron la mayor de las importancias a los elementos más abstractos de la teoría. Al tratar sobre las cuestiones más generales, el materialismo dialéctico es fundamental para vertebrar el resto de las partes y fuentes del marxismo-leninismo. Sin él daríamos palos de ciego. 

Explicaremos por qué.

La base materialista, la concepción científica del mundo, es una de las grandes victorias del movimiento obrero. Engels decía que «tener siempre presente que el socialismo, desde que se ha hecho ciencia, exige que se le trate como tal, es decir, que se le estudie» (La guerra de los campesinos en Francia). Mediante la ciencia, el proletariado puede comprender las leyes de la realidad material. 

La ciencia del proletariado es una ciencia clasista en el sentido que es abiertamente partidista, pero no por ello parcial.

La defensa de la filosofía materialista fue una de las batallas más importantes libradas por los clásicos porque en ese campo fundamental se establecía los criterios de la práctica social y política y la base para sustentar la tesis de que la clase obrera es el sujeto de la liberación de sí misma y de la humanidad. 

En este sentido, filosofía tenía un contenido profundamente partidista y de clase.

Y en este sentido la práctica es el criterio de verdad.

La práctica, la investigación o el trabajo nos desvelan cómo conseguir lo que nos proponemos de forma cada vez más provechosa y accesible: un aumento de la capacidad del ser humano de extraer de la realidad, mediante su trabajo, un producto para su propio beneficio. Tales elementos constituyen parte de la dialéctica del desarrollo de las fuerzas productivas. 

También de la concepción de libertad. Siendo el objeto del marxismo-leninismo no muy diferente en ese sentido. 

El estudio de las leyes dialécticas, que nos señalan cuáles son las fuerzas motrices que mueven la rueda de la historia, hace que el proletariado sea consciente del papel histórico que le es dado jugar. Esta fuerza motriz está definida ya en las primeras páginas del Manifiesto Comunista: «Toda la historia de la sociedad humana (…) es una historia de luchas de clases».

Bajo el materialismo histórico, en tanto aplicación del materialismo dialéctico en el estudio del ser social —y su historia—, el proletariado puede y debe estudiar las leyes que rigen las sociedades, no sólo para simplemente conocerlas, sino por su propio interés como clase. El conocimiento acumulado del conjunto de la práctica histórica de la humanidad sirve a la práctica revolucionaria. Toda teoría sirve a una práctica y, a su vez, dicha práctica alimenta a la propia teoría. 

Bajo el marxismo-leninismo y para la causa proletaria, la búsqueda de la verdad, la defensa de un proyecto político y la confrontación con la burguesía es un todo indivisible.

Pero al contrario de ese insobornable respeto a la verdad, la burguesía, en el momento que dejó de ser una clase revolucionaria, en el momento que agotó su potencial progresista, pasó de buscar esa verdad a simplemente legitimar su poder, no pocas veces recurriendo a la mentira o a la calumnia.

La ciencia del proletariado es una ciencia clasista en el sentido de que es abiertamente partidista, pero no por ello parcial. El proletariado busca la verdad, el conocer las leyes sociales y naturales le allana el camino a su liberación. Sólo en ese sentido podemos entender la frase de Lenin, «la verdad es revolucionaria». 

El comunista se nutre necesariamente de la verdad para la causa revolucionaria.

Ese es el motivo por el cual el materialismo dialéctico ha sido rabiosamente atacado por todo tipo de enemigos del proletariado. En el campo de la abstracción, el enemigo ha lanzado y lanza sus más acoquinados y sutiles ataques. El ataque al materialismo dialéctico ha sido siempre una constante y una forma de colarle al proletariado las concepciones de su enemigo. 

Para que el movimiento obrero acabe pensando como su enemigo. 

Para perder la partida.

Tal es la naturaleza negativa de la introducción de tanto desviaciones “de izquierda” como “de derecha”. Este proceso además, a veces sería algo planificado, a veces algo inconsciente, algo connatural y constante en el marco de la lucha de clases.

Pongamos un ejemplo histórico. Muy brevemente.

Anton Pannekoek. 1918

Pannekoek fue el más alto representante del “Comunismo de consejos”, movimiento de ultra-izquierda, que fue criticado duramente por el propio Lenin. Pannekoek, utilizando unos postulados ambiguos en su materialismo, negó el carácter filosófico del materialismo de Marx: «Marx no trata de filosofía en estas obras, no expone el materialismo como sistema filosófico». 

Mientras que Lenin sitúa que: «La materia es una categoría filosófica para designar la realidad objetiva, dada al hombre en sus sensaciones, calcada y fotografiada, reflejada por nuestras sensaciones, existente independientemente de ellas». 

Pannekoek plasma reflexiones múltiples sobre la “práctica social” pero no desde una perspectiva materialista sino mistificada. 

¿Por qué? Para no abordar lo que verdaderamente le preocupa: una postura materialista consecuente que niega la concepción de libertad burguesa —y pequeñoburguesa. 

Aquí coincide plenamente con las mayores referencias filosóficas del posmodernismo: Nietzsche y Heidegger —el último ligado directamente con el nazismo—; bajo lo concepción que el individuo es lanzado a la realidad, teniendo el deber de auto-obligarse a ser libre. La libertad y la voluntad del individuo de liberarse él mismo es la base de todo cambio, también del cambio social.

La sistematización materialista y dialéctica es rechazada de plano. En su libro, Pannekoek intentando aislar a Lenin de los fundadores del socialismo científico Marx y Engels, acusa al líder bolchevique de caer en una mezcla de materialismo marxista y materialismo burgués. En la prosa semi-poética de Pannekoek sobre la práctica social, olvida que la consciencia social viene dada por el ser social, la materia genera el “espíritu” y no al revés. Sin el alma de vapor y humo es necesario dar al traste con cualquier concepción burguesa de libre arbitrio. 

A Pannekoek, se le debió pasar por alto este párrafo sobre la cuestión escrito a tres manos por Hegel, Engels y el propio Lenin:

«Engels dice: “Hegel fue el primero que supo exponer de un modo exacto las relaciones entre la libertad y la necesidad. Para él, la libertad no es otra cosa que el conocimiento de la necesidad…” «La necesidad sólo es ciega en cuanto no se la comprende». La libertad no reside en la soñada independencia ante las leyes naturales, sino en el conocimiento de estas leyes y en la posibilidad, basada en dicho conocimiento, de hacerlas actuar de un modo planificado para fines determinados». (Materialismo y empirocriticismo)

Consecuentemente, Pannekoek atacó el modelo de partido leninista y la organización firme del conjunto del proletariado, apostando siempre por la anarquización del movimiento obrero: la libertad individual —origen y motor del cambio— no podía ser limitada. 

Siguiendo el hilo multicolor del revisionismo, es interesante analizar la relación que establecen los teóricos posmodernos respecto al ser social y la consciencia social. Una postura ambigua cuando no críptica pero ligada a la de Pannekoek y otros intelectuales. 

La cuestión de la subjetivación

Tras este ejemplo sumario vayamos al meollo, los posmodernos hablan de un proceso que se inicia con la “subjetivación”, es decir, con el arbitrario deseo de luchar contra el poder o una situación determinada. 

Jamás se llega a aclarar la base material de dicha “subjetivación”. La inversión de la concepción materialista para tornarse idealista viene cuando se dice que la acción política precede al “sujeto” (¿Qué significa hoy autonomía?, Bifo) que la realiza. Bajo esa supremacía de la voluntad por encima del análisis científico de los procesos históricos, es fácil ver cómo las tesis de Pannekoek, a todas luces, nutrirán al movimiento italiano del cual Negri será su más importante lucero.

No hace falta rascar demasiado para darse cuenta que el concepto de “Subjetivacion” esconde una visión del mundo antimaterialista e idealista bajo cuya lente lleva a posiciones políticas sin carácter científico y completamente arbitrarias.

En este sentido Hardt y Negri dicen: «La clase está determinada por la lucha de clases. (…) las clases que importan son las que se definen por las líneas de la lucha colectiva. En este sentido, la raza no es un concepto menos político que la clase económica. (…) la raza surge a través de la resistencia colectiva a la opresión racial. De manera similar, la clase económica se forma a través de los actos de resistencia colectivos. Por consiguiente, la indagación sobre la clase económica, al igual que una indagación sobre la raza, en vez de empezar por un mero catálogo de diferencias empíricas, debe fijarse en las líneas de la resistencia colectiva al poder. Resumiendo: la clase es un concepto político, por cuanto una clase no es ni puede ser otra cosa sino una colectividad que lucha en común».

El párrafo anterior niega por completo la tesis fundamental del materialismo histórico.

Nos detendremos un rato aquí para explicarnos: tal tipo de revisionismo afirma que no existe conexión necesaria entre una posición social o de clase y una posición política determinada. Esto vendría a decir que no hay “sujeto” hasta que se crea la respuesta política. 

¿Pero, entonces, de donde surge tal respuesta política? ¿Cae del cielo? ¿Por qué un sujeto debería estar mínimamente motivado en tomar partido sobre algo en un primer momento? 

Evidentemente la respuesta no parece ser otra que la “libertad” o, mejor dicho, el capricho burgués o pequeñoburgués.

Aclararemos lo anterior, si bien es cierto que hay mujeres que tienen comportamientos machistas o burgueses que acaban por destacar dentro de las filas del movimiento comunista, existe una realidad social objetiva que da a pie a una posición política, no mecánica, pero sí determinada dialécticamente.

Situemos un ejemplo: un indígena americano que, en el siglo XVI, trabajaba bajo condiciones de durísimas en una de las infernales minas de plata de Potosí. ¿Qué consciencia social tendrá? Puede ser que, en la práctica, legitime y encuentre natural, según la ideología dominante, su propia posición en la cadena de producción. Sin embargo sería fácil señalar que sus intereses objetivos serían otros, a saber, acabar con su penosa situación y, por tanto, le llevaría a gravitar en torno a una posición política. Dicha posición política bajo su interés como oprimido sería, por ejemplo, fugarse, organizarse para realizar una revuelta, acabar con la esclavitud o el dominio español en la zona, etc. 

Y es que de aceptar tales tesis revisionistas, estaríamos asumiendo que es pura casualidad que el completo de la oligarquía financiera no se adscriba a la causa para acabar con la propiedad privada. No hace falta rascar demasiado para darse cuenta que el concepto de “subjetivacion” esconde una visión del mundo antimaterialista e idealista bajo cuya lente lleva a posiciones políticas sin carácter científico y completamente arbitrarias.

Gran parte del anarquismo, Pannekoek o todos los posmodernos —Laclau, Negri, Virno o Bifo— han defendido esta mistificación del materialismo histórico que explica con claridad E. P. Thompson: «Esto significa que el cambio histórico tiene lugar, no porque una “base” dada deba dar lugar a una “superestructura” correspondiente, sino porque los cambios en las relaciones productivas son experimentados en la vida social y cultural, refractados en las ideas de los hombres y en sus valores y razonados a través de sus acciones, sus elecciones y sus creencias». (Historia y antropología, E.P. Thompson)

Al flojear en su materialismo y en la base científica de sus análisis, el posmodernismo marca con especial énfasis que la contradicción capital-trabajo ha perdido importancia, defendiendo la multiplicidad de luchas: feminismo, minorías raciales, ecología, etc. ya no tanto basadas en la sustentación científica de una contradicción interna del sistema capitalista sino en la mágica voluntad arbitraria de luchar cual Don Quijote contra las “injusticias” propias y ajenas. Sin embargo, Marx dice con la mayor claridad que: «No es la consciencia de los hombres la que determina la realidad; por el contrario, la realidad social es la que determina su consciencia». 

Ahora bien, esto se ha de concebir en un sentido tremendamente dialéctico y, por tanto, no mecanicista. La dialéctica es una concepción del mundo harmónica y libre de unilateralidad donde la realidad se nos muestra como un todo interrelacionado y en construcción.

¿Pero, qué posición tiene Negri respecto de la dialéctica? Negri es más que claro en ese sentido: «ni la realidad ni la historia son dialécticas». 

Por tanto, la concepción de Negri niega cualquier lógica del desarrollo. La realidad ya no será un objeto inacabado y en continuo cambio cuya dinámica viene dada por unas contradicciones en su seno que llevan inexorablemente a su resolución y superación.  Para Negri, la superación del capitalismo no vendría dada por la naturaleza de unas contradicciones cuya resolución el Capital es incapaz de solventar en su seno. 

La superación del capitalismo sería tan solo una deseable y feliz posibilidad basada en el capricho.

Pero ¿cuál es la base del rechazo de la dialéctica de Negri? Primero la reticencia a la base anti-hegeliana del posmodernismo. La aceptación de las leyes de la dialéctica y la explicación científico-materialista de la realidad sería constreñir demasiado las ansias de libertad burguesas de nuestros idealistas. 

Anotaciones de puño y letra del propio Marx sobre el Tomo I de El Capital.

En 1979, acabando aun de perfil su teoría en base al marxismo del que hacía ver que bebía para contrabandear posiciones ideológicamente burguesas, Negri extraía la siguiente reflexión tras el estudio de los Grundrisse: « (…) la superación del obstáculo no se halla abocada a imponer nuevos límites, sino a desarrollar hasta el fondo el valor de uso de la fuerza de trabajo viva. Al dar este paso, dentro de este método, la subjetividad obrera deviene clase revolucionaria, clase universal (…) Cancela la dialéctica aunque sólo sea como horizonte (…) ¿Fin de la dialéctica? Sí, porque el acto de pensamiento no tiene aquí ninguna autonomía respecto a la fuerza colectiva a la praxis colectiva que constituye el sujeto como dinamismo hacia el comunismo. El adversario debe ser destruido. Únicamente la práctica comunista puede destruirlo y debe, de este modo, en el desarrollo de sí mismo, liberar la rica multilateralidad independiente del comunismo». (Marx más allá de Marx, Antonio Negri)

Destaquemos dos elementos irreconciliables con los dos pilares de concepción marxista-leninista de la realidad: 1) se dice que el sujeto revolucionario es la subjetividad obrera y no la clase obrera —lo cual niega la base material de la realidad y el desarrollo histórico— 2) el objetivo del comunismo es acabar con la dialéctica y su base totalizadora, liberar así la rica y “libre” multilateralidad independiente de las singularidades —lo cual niega la concepción dialéctica a la que se la trata como un enemigo del que nos debemos liberar.

Pero más curiosa aún es otra tesis de Negri y Hardt: los cambios producidos en el capitalismo no son una dinámica inherente a las leyes del sistema, del propio desarrollo de éste y del desarrollo de la lucha de clases. Para Negri y los otros posmodernos, el capitalismo se desarrolla sobretodo como adaptación política contra los “subjetivizados” disidentes del sistema. 

Un poco por arte de magia y bajo la lógica del arte alternativo que, alcanzando el éxito, acaba por ser “mainstream”.

«El internacionalismo proletario, anticolonial y antiimperialista, la lucha por el comunismo, presente en todos los acontecimientos importantes de insurrección de los siglos XIX y XX, anticipó y prefiguró los procesos de globalización del capital y de formación del imperio. De este modo, la formación del imperio es una respuesta al internacionalismo proletario. Esta anticipación y prefiguración del desarrollo capitalista por parte de las luchas de masas no tiene nada de dialéctico o teleológico. Por el contrario, las luchas mismas son demostraciones de la creatividad del deseo, de las utopías de la experiencia vivida, de las labores de la historicidad como potencialidad (…)». (Imperio, Hardt y Negri)

Si la tesis anterior ya es absurda, el cuadro general lo sería más porque parece que ser revolucionarios sería la mejor forma de reformar y perfeccionar el sistema de opresión. 

Y aún más absurdo, si dicha subjetivación —que no parece tener un origen material claro, unos intereses de clase objetivos— establece una resistencia en relación a las formas de poder cohercivos que reprimen y que son una respuesta a las formas de resistencia, nutriéndose el poder de tal resistencia… y esta subjetivación de resistencia no tiene una base material clara y parece nacer de la propia resistencia al poder… Bajo tal embrollo se nos desvela que ¡toda la teoría negrinista se reduce a una tautología absurda!

Esta revisión de la base materialista y dialéctica de la realidad ya podría hacer caer todo el edificio teórico de las desviaciones idealistas en general y negar todo carácter científico de la obra de Negri en particular. 

Y es que cuando Negri, desplazando el papel que tenía el proletariado para presentarnos a la flamante multitud, no es de extrañar que en una conferencia en 2001 se expresara en los siguientes términos: «desde un punto de vista científico, es sin duda un concepto todavía primario, que propongo para ver si funciona. Cuando se habla de multitud para caracterizar al nuevo proletariado, se quiere hablar de una pluralidad de sujetos, de un movimiento en el que cooperan singularidades». 

¡Por probar, nadie te pude decir nada!

La revisión de la Economía Política

La segunda fuente del marxismo-leninismo es la economía política inglesa. 

La economía política se centra en el estudio de las relaciones entre las personas en el seno de la sociedad, es decir, en el marco de la producción, la distribución y consumo de los productos creados por el trabajo humano. El estudio del capitalismo que hizo Marx llevó a la redacción de unas de las obras cumbres de la historia de la humanidad, El Capital.

En el marco del capitalismo, unas pocas personas acumulan de manera privada los grandes medios de producción. Las personas desposeídas de dichos medios de producción se ven obligadas a venderse a sí mismos, vender su capacidad de trabajar —es decir su fuerza de trabajo— para poder subsistir. Esa relación de explotación que se genera entre el propietario de los medios de producción (la burguesía) y el que no posee medios de producción (el trabajador) se llama Capital.

Según Marx, sólo consideraba que «económicamente se ha de entender por proletario nada más que el obrero asalariado que produce y valoriza “capital” (…)» (El Capital, Marx). Sin embargo, para extraer provecho el capitalista necesita una base material en la que sustentar riqueza para que ese capital realmente se valorice, necesita trabajo productivo.

«Trabajo productivo es únicamente aquel que produce capital. ¿No es absurdo, pregunta por ejemplo el señor Senior (o otra cosa por el estilo) que el fabricante de pianos debe ser un trabajador productivo, pero no así el pianista, aunque sin el pianista el piano sería un nonsens? Pero así es, exactamente. El fabricante de pianos reproduce capital; el pianista cambia su trabajo solamente por un revenue. Pero el pianista produce música y satisface nuestro sentido musical ¿no produce, entonces, en cierta manera? In fact, lo hace: su trabajo produce algo, pero no por ello es trabajo productivo en sentido económico, del mismo modo que no es productivo el trabajo del orate que produce fantasmagorías (…) Con ello se admite ya que sólo es productivo el trabajo que produce capital, y por tanto el trabajo que no lo hace, por útil que pueda ser —del mismo modo puede ser dañino— no es productivo para la capitalización (…)» (Grundrisse, Marx).

El trabajo no es fuente de riqueza en sí, como apuntaba Marx en la Crítica al programa de Gotha, la única fuente de riqueza es la naturaleza, en ese sentido el trabajo humano es una fuerza de la naturaleza más que crea riqueza cuando modifica la propia naturaleza material. El trabajo material —el que crea bienes materiales tales como la comida, la ropa, las casas, los muebles o los libros— es el único trabajo productivo.

El capitalismo es un sistema que, si bien hace que la producción sea cada vez más social —cada vez más y más personas cooperan para fabricar los productos sociales—, la apropiación de esa producción social es privada —lo que se fábrica viene motivado por el interés de un puñado de personas que se enriquecen a costa de los demás.

El burgués impulsa la producción de mercancías no porque estas contengan un valor de uso social —¡eso sí, si no tienen valor de uso esas mercancías no se podrán vender!— sino porque poseen valor de cambio y en el marco del proceso de producción, el burgués se apropia del excedente de trabajo del proletariado, tal excedente viene dado por el hecho de que el obrero produce más de lo que se le pagará por su trabajo por la reproducción de su capacidad de trabajar.

¿Pero para qué utiliza Negri tal teoría? De primeras parece encumbrar a los intelectuales como él. Negri afirma que la valorización del Capital se sustenta hoy ante todo en algo tan etéreo como el “trabajo inmaterial”. De segundas, con esta reflexión nos sugiere que los viejos esquemas sobre la emancipación necesariamente deben cambiar.

Tal es la lógica de la burguesía día a día más agravada ya que la explotación de la clase obrera es más elevada que nunca —es decir, los trabajadores tienen un menor acceso relativo a la riqueza social que ellos crean— y la producción cada día es más social, siendo la apropiación privada de ésta cada vez más un privilegio de menos y menos burgueses debido al proceso de acumulación y concentración de capital.

En el II Libro de El Capital, Marx detalla el ciclo del capital compuesto por dos estadios de circulación (el estadio bancario y el comercial) y el estadio productivo. Para Marx, la plusvalía se extraía solamente de los estadios productivos, siendo improductivos —pese a necesarios— los estadios de circulación. 

Por ejemplo el capital bancario, extrae beneficio indirectamente con el dinero invertido a vistas de recuperar tal inversión mediante el interés.

En el caso del capital comercial invertido en el ámbito de la distribución, el proceso de la venta de la mercancía, pese a no generar plusvalor (al no haber trabajo productivo), sí es necesario para cerrar el ciclo de circulación del capital, al conseguir la realización de la plusvalía. 

Así todos los estadios en la circulación del capital acaban por compartir el plusvalor extraído de la producción. El capitalista industrial vende el producto por debajo de su valor al capitalista de un centro comercial que lo venderá a su vez por su valor real convirtiendo la mercancía producida en dinero y liberando la plusvalía que tenía retenida en ella. En ese sentido, de media y tendencialmente, Capital industrial y Capital comercial comparten proporcionalmente el beneficio sustraído y lo mismo cabría decir del Capital bancario. Así todo el capital social que se invierte en ramas no productivas acaba por extraer plusvalía de las ramas productivas.

El señor Negri intenta destruir todo este sólido análisis marxista-leninista negando la teoría del valor, deformando la economía política y desviándola a territorios nebulosos. 

Terrenos nebulosos donde no sólo genera valor la Sección marketing o el Responsable de calidad sino también la sonrisa seductora de un camarero que reparte canapés.

Tales terrenos nebulosos a los que escala Negri están trillados por la teoría de la Utilidad Marginal del Valor. Es decir, la teoría en la que se defiende que el valor de cambio de una mercancía viene determinada por el valor de uso de esta misma mercancía.

Que entre otras cosas se creó para arremeter contra el marxismo.

¿Pero para qué utiliza Negri tal teoría? De primeras parece encumbrar a los intelectuales como él. Negri afirma que la valorización del capital se sustenta hoy ante todo en algo tan etéreo como el “trabajo inmaterial”. De segundas, con esta reflexión nos sugiere que los viejos esquemas sobre la emancipación necesariamente deben cambiar.

«El lugar central en la producción del superávit, que antes correspondía a la fuerza laboral de los trabajadores de las fábricas, hoy está siendo ocupado progresivamente por una fuerza laboral intelectual, inmaterial y comunicativa. De modo que es necesario desarrollar una nueva teoría política del valor capaz de plantear el problema de esta nueva acumulación capitalista de valor que está en el corazón mismo del mecanismo de explotación (y por ello, quizás, en la médula de la sublevación potencial) (…)»

Según esto, la economía se ha posmodernizado, informatizado, terciarizado, cambiando todos los parámetros. 

N&H creen que el trabajo inmaterial crea valor, que es trabajo que valoriza capital y que además es el trabajo más productivo porque encumbra y sube al alza el valor de uso de la mercancía, es decir, aquello por lo que alguien está dispuesto a pagar para obtener. 

Atacando en el mismo sentido la economía-política marxista-leninista, Pablo Iglesias también dirá: «La ley del valor, entonces perdió toda su vigencia en lo que respecta al trabajo asalariado, Negri y Hardt lo expresan de manera cristalina en las páginas de Imperio» (Postoperaismo y fin de la teoría laboral del valor, P. Iglesias).

Estamos pues ante una negación de la teoría laboral del valor. No una actualización.

La manía del “post-” o el supuesto final de algo y el principio de nada

Pero veamos, ¿es esto ahora cierto a diferencia de la época de Marx? ¿Qué hay de nuevo? Pese a que la revolución científica y tecnológica ha generado al burgués la necesidad de contar con trabajadores intelectualizados y expertos que basan su trabajo en el conocimiento, la información y/o la comunicación, estos trabajadores no crean plusvalía si no están ensamblados al trabajado productivo que realiza el proletariado en la fábrica. Para generar plusvalor, estos obreros expertos deben formar parte de ese salto cualitativo dialéctico de la organización de la fábrica que es el “obrero colectivo” que produce colectivamente plusvalía. Sin embargo con este ejemplo, siendo todos necesarios para la producción colectiva de plusvalía, sería absurdo plantear una hegemonía de un trabajo técnico-científico u organizador por encima del trabajo a pie de máquina.

Steve Jobs por mucho que analice e infle el nicho del valor de uso que pretende colar, lo que necesita es producir sus productos en cadena.

Por tanto proletario es todo obrero de la fábrica que saca adelante conjuntamente con sus compañeros la producción desde el ingeniero técnico, el que se enfrenta directamente a la máquina pero también los trabajadores encargados del catering en el centro de trabajo o el equipo de limpieza industrial.

La ideación por muy creativa que sea, si queda en el campo de las ideas jamás generará nuevo valor al capital puesto que jamás generará riqueza.

O lo que es lo mismo, para Steve Jobs por mucho que analice e infle el nicho del valor de uso que pretende colar, lo necesario es producir sus productos en cadena.

Según la lógica idealista de que el trabajo inmaterial genera valor, fácil es hacer caer toda la teoría laboral del valor en cuanto hace falta algo material para cuantificar la riqueza o hace falta una propiedad de la materia como es el tiempo para medir el trabajo socialmente necesario que marcará el valor de una mercancía determinada.

Igual que adjuraron de una concepción materialista de la realidad, despegados de la base material de la economía política, fácil es alzar el vuelo y aventurarse hasta llegar a la conclusión de que, hasta la persona que no hace nada genera nuevo valor, ya que, si la propia comunicación valoriza, el lumpen-proletariado de Estados Unidos, crea “riqueza” al producir el slang, el inglés norteamericano de la “calle” o que en general el conjunto de la población produce al contribuir con sus expectativas a las futuras compañías de marketing o a la innovación en las nuevas tecnologías. Pero también generaría valor la mujer pariendo o el burgués cantando bajo el agua de la ducha.

« (…) concebimos la Multitud como la totalidad de los que trabajan bajo el dictado del capital y forman, en potencia, la clase de los que no aceptan el dictado del capital. (…) El concepto de clase trabajadora es fundamentalmente un concepto restringido, basado en exclusiones. En la más limitada de estas interpretaciones, la clase obrera se refería al trabajo fabril, excluyendo así otro tipo de clases trabajadoras. En su concepción más amplia, la clase trabajadora se refiere a todos los obreros asalariados, excluyendo así las otras clases no asalariadas. En relación con la clase obrera, la exclusión de las otras formas de trabajo se basaba en la noción de que hay diferencias de naturaleza entre ellas, por ejemplo, entre el trabajo fabril masculino y el trabajo reproductivo femenino, o entre el trabajo fabril y el trabajo agrícola, entre los empleados y los desempleados, entre los trabajadores y los pobres. (…) hoy todas las formas de trabajo son socialmente productivas, producen en común, y comparten también el potencial común de oponer resistencia a la dominación del capital. (…) Y que quede claro que no decimos que el trabajo fabril o la clase obrera no sean importantes, sino únicamente que no ostentan ningún privilegio político en relación con otras clases de trabajo en el seno de la multitud. Así pues, en contraste con la exclusión que caracteriza el concepto de clase obrera, el concepto de multitud es abierto y expansivo». 

Si ahora la valorización la realiza todos los aspectos nebulosos de la propia viva, la valorización es “biopolítica”, evidentemente, la teoría del valor-trabajo y la ley del valor no se sustentan por ningún lado.

« (…) en la sociedad posmoderna el valor del trabajo se presenta bajo forma biopolítica. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que el valor ya no se puede analizar ni medir en modo alguno según cantidades temporales simples ni tampoco según consecuencias complejas, porque vivir y producir llegan a ser lo mismo, y tiempo de vida y de producción se han hibridado cada vez más. Cuando decimos biopolítico, significa que la vida está completamente impregnada de condiciones y actos artificiales de reproducción, y significa asimismo que la naturaleza se ha socializado y se ha convertido en una máquina productiva. En este escenario el trabajo se recalifica por completo. (…) La unidad temporal del trabajo como medida de base de la valoración es ahora un sinsentido… la ley del valor nos es restituida en el contexto ontológico no ya como medida sino como temporalidad coextensiva de la producción de la vida, como determinación en perspectiva del trabajo vivo (…)».

En busca de la clase obrera perdida

¿Es que acaso Negri, al estar tan a la moda, cree que el proletariado, el trabajador productivo, ha abandonado la escena? ¿La clase obrera fabril clásica ha desaparecido en el proceso de desindustrialización? ¿Los servicios hoy son todo?

«En los últimos decenios del siglo XX, el trabajo fabril perdió su hegemonía y en su lugar emergió el “trabajo inmaterial”, es decir, el trabajo que crea bienes inmateriales, como el conocimiento, la información, la comunicación, una relación o una respuesta emocional. Algunos términos convencionales como “trabajo de servicio”, “trabajo intelectual” o “trabajo cognitivo” aluden a aspectos del trabajo inmaterial, pero ninguno de ellos capta toda su generalidad. Para un planteamiento inicial podemos concebir dos formas principales de trabajo inmaterial. La primera se refiere al trabajo primordialmente intelectual o lingüístico, como la resolución de problemas, las tareas simbólicas y analíticas, y las expresiones lingüísticas. Este tipo de trabajo inmaterial produce ideas, símbolos, códigos, textos, figuras lingüísticas, imágenes y otros bienes por el estilo. En cuanto a la otra forma principal de trabajo inmaterial, la denominaremos “trabajo afectivo”. A diferencia de las emociones, que son fenómenos mentales, los afectos actúan por igual sobre el cuerpo y la mente. De hecho, los afectos como la alegría y la tristeza revelan el estado vital actual en todo el organismo, expresan cierto estado corporal y, al mismo tiempo, cierta manera de pensar. Por consiguiente, el trabajo afectivo es el que produce o manipula afectos, como las sensaciones gratas o de bienestar, la satisfacción, la excitación o la pasión. Reconocemos el trabajo afectivo, por ejemplo, en la labor de los asesores jurídicos, de las azafatas de vuelo o de los trabajadores de los establecimientos de comidas rápidas (servir con una sonrisa). (…) Cuando postulamos que el trabajo inmaterial tiende a asumir la posición hegemónica no decimos que en el mundo actual la mayoría de los trabajadores se dediquen fundamentalmente a producir bienes inmateriales. Muy al contrario, el trabajo agrícola sigue siendo dominante desde el punto de vista cuantitativo, como viene ocurriendo desde hace siglos y el trabajo industrial no ha declinado en términos numéricos a escala mundial. El trabajo inmaterial es una parte minoritaria del trabajo global y además se concentra en algunas de las regiones dominantes del planeta. Lo que sostenemos es que el trabajo inmaterial ha pasado a ser hegemónico en términos cualitativos, y marca la tendencia a las demás formas de trabajo y a la sociedad misma» (Multitud, Negri y Hardt).

¡Bien! N&H no aceptan las falsas tesis de la desindustrialización que se caen tan sólo con una revisión seria de datos estadísticos; tan sólo, remarca la hegemonía cualitativa del llamado trabajo inmaterial producido por azafatas, la sonrisa de trabajadores de McDonald’s y los intelectuales como él. Porque Negri es honesto y no falsea la realidad como hacen otros, ¡simplemente acepta como válidos postulados y metodologías ajenas al marxismo!

La falsa teoría de la desindustralización, de la desaparición de la fábrica, se debe a varios fenómenos realmente existentes: 1) la deslocalizaciones de empresas 2) los procesos de subcontratación 3) el aumento de la productividad 4) la fragmentación de la clase obrera en empresas más pequeñas y en agencias de trabajo temporal 5) la destrucción de fuerzas productivas con motivo de las crisis cíclicas del capitalismo 6) el aumento de la Composición Orgánica del Capital.

Pero detengamos un momento aquí: la supuesta desaparición del proletariado. 

Negri intenta dar una base teórica teñida de pseudo-marxismo a la concepción de un  supuesto capitalismo posindustrial donde los servicios cumplen un papel hegemónico. Sin embargo, como señala el propio Negri, el trabajo agrícola sigue siendo mayoritario, el sector industrial se mantiene igual e incluso aumenta ligeramente y el sector servicios si bien crece lo hace en detrimento tan sólo sector agrícola. 

Además tales estadísticas están adulteradas ya que se contabilizan muchos trabajos productivos como “servicios”, tal es el ejemplo del transporte de mercancías definido por Marx como productivo al modificar el valor de uso de la mercancía transportada de un lugar a otro. 

La falsa teoría de la desindustralización, de la desaparición de la fábrica, se debe a varios fenómenos realmente existentes: 1) la deslocalizaciones de empresas 2) los procesos de subcontratación 3) el aumento de la productividad 4) la fragmentación de la clase obrera en empresas más pequeñas y en agencias de trabajo temporal 5) la destrucción de fuerzas productivas con motivo de las crisis cíclicas del capitalismo 6) el aumento de la Composición Orgánica del Capital. 

Tales factores sin embargo poco pueden sugerirnos la revisión de la economía política marxista-leninista.

Monumento a Marx y Engels. Berlín. Foto: Ferdinando Scianna/Magnum Photos.

El proletariado, el trabajador productivo en concreto, no ha desaparecido, de hecho, como mucho, lo que ha sucedido es que el aumento de la productividad asociado al modo de producción capitalista, en cuanto a sistema que revoluciona incesantemente los medios de producción, aparta cada vez a masas más numerosas de los sectores productivos, llevándolos a  sectores no productivos —y pasado mañana volviendo a sectores productivos— tales como los sectores servicios o incluso condenando a una parte de la clase obrera a no trabajar, a formar parte del “ejército industrial de reserva”.

Mientras unos realizan horas y horas de trabajo, grandes masas no pueden acceder a un empleo. Esto lejos de indicarnos el fin del proletariado nos apunta hasta qué grado están maduras las condiciones objetivas para la superación del capitalismo. Además, se visualiza de una manera meridianamente clara cómo las propias relaciones de producción entran en contradicción con el desarrollo de las fuerzas productivas, condición para que se precipite el paso de un modo de producción a otro.

¿Y qué hay del trabajador no productivo? Personal de limpieza, trabajadores de sucursales bancarias, cuidadores, conserjes, miembros de la seguridad privada, camareros, trabajadores de telemarketing, funcionarios, oficinistas, jardineros, conductores de autobuses, camilleros de hospital, científicos, informáticos… Hoy el trabajador no productivo ha aumentado cuantitativamente entre las capas de trabajadores en ciertos países, sin embargo tal fenómeno no es ajeno a los análisis y previsiones de los clásicos marxistas-leninistas. 

El trabajador improductivo no valoriza capital pero si hace posible la realización de la plusvalía. Sin el vendedor de la tienda de ropa, sin el personal de la sucursal bancaria, el ciclo del capital no se puede cerrar. 

Y como el tiburón, el capital si se queda quieto es porque ha muerto. 

A la par, el trabajador improductivo tiene iguales condiciones de explotación que el proletariado cuando no peores al sufrir altas dosis de temporalidad, jornadas partidas, inestabilidad laboral, etc. Hoy el trabajador no productivo, sobre todo si es joven, conforma lo que se ha venido a llamar “precariado”. La flexibilidad, la temporalidad y la parcialidad son males contemporáneos y vienen dadas por las propias lógicas de las relaciones de producción capitalistas. Siendo todos estos elementos, junto al paro, un arma con la que atemorizar a la clase, un alto “ejercito industrial de reserva” rebaja la combatividad de la clase al temer ésta perder su puesto de trabajo si osa alzar la cabeza para enfrentarse al patrón.

Concluyendo: el proletariado industrial o trabajador productivo es una parte de los trabajadores que generan plusvalía. Los trabajadores no productivos sufren condiciones similares, cuando no peores, de explotación y se pueden sumar con la mayor facilidad a la lucha del proletariado conformando a la práctica, como un todo único, parte de la fuerza revolucionaria. Lo mismo cabe decir para los parados que también forman parte de la clase obrera ya que su realidad es completamente fluctuante del paro al puesto de trabajo.

¿Qué hay del crecimiento de esa clase media que parece haber desplazado de la escena al proletariado? Está claro el hecho de que la clase obrera ha creído erróneamente que era clase media. Este hecho era un esfuerzo del sistema a atontar a la clase obrera pero la realidad objetiva es tozuda y dichas ilusiones se diluyen, con las agudizaciones de las crisis, como lágrimas en la lluvia, sin embargo, ¿estas capas medias existen? 

Las capas medias, en el modo de producción capitalista, siempre han existido. En función de su situación de opresión y depauperación en el capitalismo se adherirán o no a la causa del proletariado. 

Tales capas medias ocupan en la producción lugares sustancialmente diferentes a los de los trabajadores. Son los dueños de los bares, de los pequeños talleres o el jefe de un pequeño grupo de trabajadores que se les contrata puntualmente para pequeños apaños. También se debería tener una propuesta política para ellos…

«El capitalismo dejaría de ser capitalismo si el proletariado “puro” no estuviese rodeado de una masa abigarradísima de elementos que personifican la transición del proletariado al semiproletariado (el que obtiene la mitad de sus medios de existencia vendiendo su fuerza de trabajo), del semiproletariado al pequeño campesino (y al pequeño artesano, al obrero a domicilio y al pequeño patrono en general), del pequeño campesino al campesino medio, etc. y si en el seno mismo del proletariado no hubiese sectores de un desarrollo mayor o menor, divisiones de carácter territorial, profesional, a veces religioso, etc. De todo eso se deduce la necesidad –una necesidad imperiosa para la vanguardia del proletariado, para su parte consciente, para el Partido Comunista—de recurrir a la maniobra, a los acuerdos, a los compromisos con los diversos grupos proletarios y con los diversos partidos de obreros y pequeños patronos. El quid de la cuestión está en saber aplicar esta táctica para elevar y no para rebajar, el nivel general de concienciadle proletariado, su espíritu revolucionario y su capacidad de lucha y de victoria» (Izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo, Lenin).

© Bonjour Karl 2017