¿Se avecina una guerra? La crisis en la Península Coreana en seis preguntas y seis respuestas

Suenan tambores de guerra en la Península Coreana y no es la primera vez en estos últimos años. Mientras escribo estas líneas, la flota americana —esta vez sí— se encuentra a apenas 30 km de las fronteras norcoreanas, incluyendo submarinos de propulsión nuclear clase Ohio, portadores cada uno de 150 misiles Tomahawk, los mismos con los que el imperialismo yanki bombardeó Siria. El portaaviones de propulsión nuclear Carl Vinson viaja hacia aguas coreanas, tras las polémicas declaraciones de Trump en que confundió Australia y Corea, acompañado de una flotilla completa.

Esta situación parece repetir el guión de 2013, momento en el que, tras numerosas amenazas de invasión y ataque preventivo, la situación quedó estancada en un status quo que se mantiene hasta hoy.

Pero, ¿de dónde surge este peligro de guerra? ¿Qué hace que el imperialismo yanqui, cuya voracidad en las últimas décadas se saciaba en Oriente Medio, Europa del Este y Asia Central, vuelva otra vez su vista hacia el Lejano Oriente?

Vamos a tratar de responder seis preguntas para aclarar la situación.

¿Por qué están enfrentados Corea y Estados Unidos?

Las ambiciones imperialistas de Estados Unidos sobre la Península Coreana empiezan en el siglo XIX. Entonces, con una China en declive tras las Guerras del Opio y Japón y la Rusia zarista intentando ganar influencia sobre este territorio, Estados Unidos envía su primer buque de guerra a la zona: el General Sherman, en el año 1866. 

¿Qué objetivos persiguen las potencias mundiales y regionales en Corea? Corea es la vía de entrada a Asia, un país rico en recursos naturales y con frontera terrestre tanto con Rusia como con China.

Pyongyang. Junio, 2013. Foto: AP Photo/Alexander Yuan.

Estados Unidos bendijo la anexión japonesa de Corea, a principios del siglo XX, y se aprovechó de la misma para comenzar una penetración en el país a través de sus evangelizadores. Más adelante, comienza la Segunda Guerra Mundial, en la que Estados Unidos se enfrenta a Japón en el Pacífico.

La Conferencia de Yalta, en 1945, define a Corea como nación ocupada, un territorio a liberar. Se marca el paralelo 38 como línea divisoria entre las zona a liberar por la Unión Soviética y por Estados Unidos.

Sin embargo, Estados Unidos llega a Corea tres semanas después del fin de la guerra, cuando toda Corea está ya libre de la ocupación japonesa. La Unión Soviética se retira de Corea en 1948, tal como marcaban los acuerdos de Yalta. Estados Unidos sigue hoy ocupando el territorio de Corea del Sur, ejerciendo un control real sobre su mando militar, que está situado en Washington, en vez de Seúl. La línea de demarcación para la liberación se convierte en frontera y las elecciones libres para formar un gobierno nacional en todo el país nunca se producen.

El enfrentamiento de Estados Unidos con China y la Unión Soviética en tiempos de la Guerra Fría y la actual rivalidad interimperialista, convierten a Corea en un lugar estratégico. Corea del Sur es hoy un gigantesco portaaviones terrestre para Estados Unidos, a una distancia de Pekín y del Lejano Oriente ruso menor a una hora de vuelo.

La confrontación y la aparente inminencia de una guerra sirven a Estados Unidos para justificar su presencia militar en Corea del Sur, siendo éste el país con más bases militares extranjeras.

No se necesita que estalle una guerra real, que podría ser extremadamente costosa en términos económicos y humanos, pero sí que el nivel de confrontación permita mantener el despliegue en Corea del Sur.

¿Qué papel juega China en todo ello?

Suele caracterizarse a China como el único aliado de Corea del Norte. Sin duda, China es su mayor socio comercial, pero el distanciamiento político es hoy mayor que en cualquier otro momento desde la Revolución Cultural, cuando ambos países rompieron relaciones.

«Los cinco países que son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (Francia, Estados Unidos, Reino Unido, China y Rusia) tienen derecho a poseer armas nucleares, mientras que esto queda prohibido para todos los demás firmantes».

De un lado, China se opone al programa nuclear coreano y ha impuesto varias rondas de sanciones contra su país vecino. De hecho, China, con poder de veto en Naciones Unidas, es corresponsable junto a las otras grandes potencias del bloqueo al que está sometido Corea del Norte. Global Times, diario gubernamental chino, ha explicado en varias ocasiones que la alianza no se restablecerá mientras Corea no aplique la reforma y apertura, es decir, el programa de privatizaciones.

De otro lado, el último congreso del Partido de los Trabajadores de Corea calificó los “vientos de reforma y apertura” procedentes de China como una tendencia burguesa que descompone el socialismo. Desde entonces, las críticas son habituales. El pasado 21 de abril, por ejemplo, la televisión estatal coreana criticó abiertamente a China, diciendo que «baila al son de Estados Unidos» y que la «aplicación de sanciones económicas contra Corea va a llevar las relaciones bilaterales a un estado catastrófico».

China es, pues, un poderoso jugador en esta región, pero Corea del Norte no es uno de sus peones.

¿Cuál es el origen del problema nuclear en la Península Coreana?

Aunque habitualmente se presenta en los medios burgueses el problema nuclear como la posesión norcoreana de armas nucleares, es necesario conocer algunos datos antes de hacer una evaluación de la situación.

En primer lugar, el Tratado de No Proliferación Nuclear, de 1968, obliga a las naciones firmantes a no desarrollar armas atómicas. Sin embargo, es un tratado abierto a la firma, no obligatorio. Los cinco países que son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (Francia, Estados Unidos, Reino Unido, China y Rusia) tienen, según el tratado, derecho a poseer armas nucleares, mientras que esto queda prohibido para todos los demás firmantes.

Israel, India y Pakistán no han firmado el tratado y se han dotado de un arsenal atómico, de la misma forma que Corea del Norte, que se retiró del tratado en 2003. Por lo tanto, Corea —como mínimo— estaría al mismo nivel que otros tres países, dentro de un tratado injusto que divide a las naciones entre potencias y quienes no lo son.

Pero además, el problema nuclear en la Península Coreana no comienza en 2003, cuando Corea del Norte se arma, sino en 1958, cuando Estados Unidos introduce sus primeras armas atómicas en la Península Coreana, apenas 5 años después del fin de la Guerra de Corea.

La Guerra de Corea terminó con el tratado de Panmunjom, en 1953, que en su clausula 13 prohíbe expresamente a los gobiernos extranjeros introducir nuevas armas en Corea. Específicamente, el apartado D de esta clausula cita los misiles y las armas nucleares, como armamento prohibido. Sin embargo, en 1957, Estados Unidos hizo público que —de forma unilateral— no se sentía obligado a seguir respetando esta clausula y la declaraba nula.

Desde entonces, cada año, las fuerzas militares surcoreanas y estadounidenses hacen ensayos de ataque contra Pyongyang, incluyendo el uso de armas nucleares.

Cuando en 2003 Corea del Norte desarrolla sus propias armas nucleares, lo hace en defensa propia, equilibrando la correlación de fuerzas en la Península, una vez que el paraguas nuclear soviético y chino ya no iba a protegerles de la amenaza imperialista.

¿Es el programa nuclear de Corea del Norte ilegal?

Como hemos visto anteriormente, el Tratado de No Proliferación Nuclear no es de firma obligatoria. Tres países tienen una situación similar a la de Corea del Norte y cinco países tienen un estatus diferenciado, de difícil encaje legal.

Sin embargo, las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sí son de cumplimiento obligatorio para los estados miembros. Corea del Norte ha decidido desafiarlas, basándose en la amenaza militar norteamericana y en la injusticia que supone que el mayor agresor contra la soberanía de otros países esté armado y un país pequeño y bloqueado como Corea no pueda desarrollar sus mismas armas.

La pregunta, entonces, no sería si es legal su posesión, sino si es legítima. Corea del Norte desea las armas nucleares para garantizar la paz en la Península, para evitar que su pueblo sufra la barbarie de los bombardeos en alfombra que arrasaron ciudades y campo durante los 50, para luchar contra el imperialismo y proteger su Revolución. Se ha comprometido a un estricto no primer uso y a no contribuir a la proliferación en terceros países.

¿Cuál es la actual situación militar? ¿Es posible que estalle una guerra?

Actualmente, la situación es tensa. De un lado, Estados Unidos y Corea del Sur desarrollan maniobras militares a escasos 30 km de la frontera con Corea del Norte. Japón, igualmente, tiene movilizada a sus “fuerzas de autodefensa” (nombre oficial de su ejército) cerca de la Península Coreana.

«A pesar de algunos errores y dificultades, Corea avanza en su propio desarrollo. Cada paso en la construcción del socialismo es un retroceso para los propósitos del imperialismo».

Corea del Norte ha respondido con los mayores ejercicios de artillería de su historia. La artillería norcoreana, hay que recordar, tiene en su rango de tiro Seúl y las tres principales bases militares yanquis en Corea del Sur.

Sin embargo, poco cabe la equidistancia aquí. Mientras que Corea del Norte hace ensayos en su propio territorio para la defensa, Estados Unidos se desplaza a miles de kilómetros de sus costas, donde realiza ensayos para invadir la parte de Corea que no pudo conseguir en 1945.

En todo caso, hay pocos indicios de que la situación pueda degenerar en una guerra total.

De un lado, Estados Unidos ha aireado la presencia en la zona de submarinos con capacidad de lanzar misiles de crucero. La propia naturaleza del portador —un submarino— delata que revelar su presencia tiene una finalidad defensiva.

Lo cierto es que el imperialismo muestra un creciente intervencionismo y agresividad en todo el mundo y la guerra imperialista es una de sus formas para remontar las crisis. Sin embargo, la escala de una guerra en la Península de Corea y las posibles intervenciones directas de terceros países, alejan bastante la situación de las de los países de Oriente Medio que han sido víctimas del imperialismo.

Corea del Norte lleva décadas preparándose para resistir una segunda invasión. Pero su preparación es de carácter defensivo: refugios submarinos para operaciones especiales de su flota de submarinos, túneles en montañas y bosques, refugios para artillería y aviación en montañas, etc. y, sobre todo, preparando a su clase obrera, campesinado y ejército para la labor histórica de derrotar al imperialismo yanqui. 

¿Es Corea del Norte un país militarista y empobrecido?

No, definitivamente no.

La propia realidad de su Revolución, con un país dividido y amenazado por el imperialismo, ha hecho de Corea un país en el que el 15% de su presupuesto va a parar al Ejército Popular y en el que toda la población —hombres y, desde hace unos años, también mujeres— tienen la obligación de cumplir el servicio militar.

Pero los militares en Corea son parte del pueblo y trabajan para el pueblo. Se pueden ver militares en obras de construcción, en asistencia a la población, en misiones de rescate y, en general, en cada labor económica y social.

Corea del Norte sufrió una terrible crisis tras la contrarrevolución en la Unión Soviética y los países del Este de Europa que, sin embargo, comenzó a ser superada a partir del año 1998. Durante toda esta década, el crecimiento se ha mantenido en torno al 7% y todo el país vive una evidente mejoría de las condiciones materiales.

El sistema sanitario, completamente gratuito, se ha reforzado con nuevos hospitales especializados, con maquinaria propia e importada de última tecnología.

El sistema educativo, público, laico y gratuito, ha extendido la enseñanza obligatoria a 12 años y con el nuevo siglo se han multiplicado las oportunidades: enseñanza a distancia y nocturna, cursos y conferencias por la red y más de 21 millones de volúmenes digitalizados de acceso gratuito para toda la población.

La vivienda es completamente gratuita y se asigna en función de la necesidad social. Recientemente, se ha dado un boom de la construcción, de la mano del crecimiento de la economía socialista. Ejemplos de ello pueden verse en avenidas completas que se han construido, como Changjon, Mirae o Ryomyong.

En todo ello, juega un papel menor la apertura de pequeñas zonas económicas especiales, donde se han permitido algunas inversiones mixtas con capital extranjero. Sin embargo, esta iniciativa se hace bajo estricto control y con el objetivo de atraer divisa extranjera que ayude a superar el bloqueo. El verdadero crecimiento se da en el sector estatal de la economía, que es completamente dominante. No se detiene la creación de nuevas fábricas y la extensión de la acumulación socialista. En 2016 comenzó un nuevo Plan Quinquenal, acompañado de una campaña de emulación socialista.

A pesar de algunos errores y dificultades, Corea avanza en su propio desarrollo. Cada paso en la construcción del socialismo es un retroceso para los propósitos del imperialismo y sobre esta base es sobre la que Corea necesita y merece solidaridad.

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