¿Káiser o Zar? ¿Es esa la cuestión?

Hace escasas fechas el Día de la Victoria volvía a ser celebrado en Rusia con importantes actos que reflejan al recuerdo imborrable de tamaña gesta en el corazón verdadero de los pueblos que formaron la Unión Soviética. El discurso de Vladimir Putin este año aprovechó ese hecho para homenajear con gran dignidad al Regimiento Inmortal en su marcha,1 aunque lo tergiversa obviando la naturaleza y características únicas del Ejército Rojo así como el papel central y determinante del PCUS en la resistencia armada y en el camino de la victoria sobre el nazi-fascismo. 

Carteles de bienvenida a Putin en El Cairo. 2015. Foto: Hassan Ammar / AP Photo.

Debemos decir que Putin no está hoy haciendo un sincero homenaje. Está llamando en su discurso a defender la patria rusa actual, una patria que ya no es la que él contribuyó a que dejara de ser la patria de los obreros, soldados y campesinos que derrotaron con enorme heroísmo al nazi-fascismo en lo que en la Unión Soviética se dio en denominar como Gran Guerra Patria. Putin lanza hoy una soflama a defender la patria que representan los monopolios rusos en lucha desesperada contra los monopolios de otros centros imperialistas y que él gobierna con regocijo de aquellos. No celebra pues el Día de la Victoria, está llamando a filas al pueblo trabajador ruso para que defienda con su sangre los intereses de sus capitalistas. Mientras, encarcela a los verdaderos sucesores de aquellos que dice homenajear. Y como muestra de ello podemos destacar el hecho reciente de la represión contra el PCOR,con el encarcelamiento de varios de sus dirigentes, por difundir durante esos días en diversas actividades la tergiversación y el intento de manipulación burguesa del día 9 de mayo, Día de la Victoria.

Y es que hace ya casi tres décadas que la contrarrevolución derrocaba la construcción socialista en la Unión Soviética y en otros países del centro y este europeo alterando la correlación de fuerzas a nivel mundial. Aquella época en que un tercio de la humanidad había salido de la órbita del capitalismo y construía el socialismo junto con todas sus dificultades y contradicciones, que a la postre eran influencia de los sectores que luego le asestaron el golpe final, el campo socialista mantenía una influencia progresista a nivel mundial. Existía una bipolaridad, un doble poder en el mundo donde uno de ellos ejercía una influencia progresista y de avance de los procesos de liberación nacional en el mundo, de donde podemos destacar la gran influencia que la existencia del campo socialista tuvo en la desaparición del colonialismo.

Pero tras la traición del aparato del PCUS, donde se encontraban Gorbachov, Yeltsin, Lavrov, pero también los cuadros altos e intermedios del KGB como el propio Putin, el Estado Soviético mutaba decantándose por la supremacía en la economía soviética de las relaciones de producción capitalista. El contrapoder del Socialismo en el mundo desaparecía temporalmente.

Tras ese periodo, y con la desaparición del contrapeso del polo que ponía freno al imperialismo, el mundo comenzaba a vivir en lo que se dio en llamar la unipolaridad. Rápidamente las relaciones internacionales y el derecho internacional tal y como se conocían saltan por los aires al reconfigurarse solamente por los estados capitalistas y no por el resultado de la correlación de fuerzas entre los estados capitalistas y el campo socialista como sucedía hasta entonces.

En tales circunstancias de unipolaridad la frase de Rosa Luxemburgo se torna más evocadora que nunca,y sin la presencia de un campo socialista fuerte y cohesionado la barbarie se manifiesta a grandes pasos en la degradación generalizada de las condiciones de vida de la clase obrera en todo el planeta y en la generalización de la guerra como recurso habitual de las relaciones internacionales. La guerra en Iraq, en Yugoslavia, en África, en Oriente Medio… se convierte en la puerta de entrada de los monopolios al saqueo de las materias primas y recursos naturales.

Por ello no es extraño que la actual situación de terror, y el recuerdo de un mundo pasado que fue mejor, reflejan en la conciencia de los pueblos la importancia de un contrapoder que ponga freno a tanta barbarie. Ello genera la esperanza en la constitución de un mundo multipolar que pueda volver a recrear una correlación de fuerzas favorable a las ansias de progreso de la Humanidad y el fin de la barbarie a la que asistimos. Desgraciadamente esta esperanza es injustificada.

A pesar de las alianzas interestatales que se van produciendo en las últimas décadas y que consiguen ir resquebrajando el dominio hasta ahora cuasi absoluto del centro imperialista norteamericano, estas uniones no tienen el carácter de progreso que se les pretende atribuir. Y esto es así  por la naturaleza de clase de esas alianzas, determinadas por el modo de producción capitalista y por lo tanto sujetas a las leyes que rigen su desarrollo, y en el caso más particular de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) las contradicciones que se dan con los USA se circunscriben estrictamente en marcos de confrontación interimperialista. Estamos pues ante la disputa por la cúspide de la pirámide del imperialismo.

Las economías capitalistas de esos países, en su interior realizan ataques salvajes contra la clase obrera y los sectores populares para favorecer los intereses de sus propios monopolios. 

No estamos pues ante la disputa entre dos mundos, como sucedía con la existencia del campo socialista, sino ante la existencia de centros imperialistas emergentes que disputan la hegemonía a los USA o a la UE. Estamos ante la necesidad de esos centros, para poder seguir su desarrollo, del intento de un nuevo reparto del mundo, y en este escenario la certeza de la proximidad de una nueva guerra global toma cuerpo cada vez más claramente.

Si nos seguimos empeñando en maquillar a determinados centros imperialistas como progresistas sólo conseguiremos que llegado el momento la clase obrera de los distintos países vuelva a cometer el error de decidir entre el Zar o el Káiser.

Debemos de desenmascarar y denunciar como ajenas las banderas de la multipolaridad, por representar un mundo que solo aspira a cambiar un centro imperialista por otro. Es entendible que la socialdemocracia, vieja y nueva, tomen esas banderas y las enarbolen ante la clase obrera, siempre ha sido ese su papel histórico, pero para quienes se reclaman del socialismo y el comunismo la bandera de lucha contra toda unión interestatal de naturaleza capitalista es algo más que una cuestión de principios: es una necesidad de la estrategia revolucionaria.

El Socialismo es la única salida ante la barbarie capitalista que a cada paso nos pone más cerca del precipicio de una guerra que, en esta ocasión, puede ciertamente conducir a la desaparición de la humanidad.

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[1] Desde el año 2012 familiares de fallecidos durante la II Guerra Mundial portan sus retratos en manifestación. En 2015 el propio Putin participó portando el retrato de su padre.

[2] PCOR – Partido Comunista Obrero Ruso.

[3] «Socialismo o barbarie».

 

© Bonjour Karl 2017