En recuerdo de Miguel Urbano Rodrigues

Cuando fallece un camarada, como un reguero de pólvora la noticia se va difundiendo de camarada a camarada, de amigo a amigo, en pocas horas todos son partícipes de la pérdida y se refleja en sus caras un velo translúcido que cubre el dolor mientras se instala en la mirada una distancia de lo actual que escapa en busca de otros lugares y momentos. Los recuerdos son entonces agridulces.

Miguel Urbano.

El pasado 27 de mayo nos dejaba Miguel Urbano y yo me enteraba al poco por un mensaje de esos que hoy en día provee la tecnología, un joven vasco que creo que ni siquiera llegó a tener el placer de poder conocerle en persona me participaba la triste noticia. Luego fueron otros quienes con el más tradicional método de la llamada también lo difundían. 

Pensé por un momento en cuántas personas como yo estábamos sintiendo en aquel preciso instante un punzón en la boca del estómago, ese velo en la mirada y la consciencia dolorida. Y es que a lo largo de su vida contactó con innumerables personas con quienes trabó unas fuertes relaciones personales. Su gran experiencia vital, su talento intelectual, su curiosidad inagotable y su forma de ser adorable le hacían la persona más ideal para hablar. Quién de todos que le conocimos no podíamos por menos que sentirnos así.

Caminaba despacio, pero la conversación con un intelectual humana e ideológicamente honesto, como él era, es siempre un placer. Y no pude refrenarme: “ha sido un placer conocerte” le dije, y con esas cosas del idioma quizá entendió que dije honor. No quiso aceptarlo. Afloraba el hombre que se negaba a aceptar que le pusieran por encima de otros y reivindicaba su derecho a ser un hombre común con la capacidad y el derecho de mirar de frente a la misma altura los ojos de las personas con quien conversaba. Hoy puedo decir que a parte de un placer ha sido un honor y un orgullo haber podido compartir un par de cortos paseos por las calles de Rio de Janeiro donde coincidimos en los actos por la celebración del 90 aniversario del Partido Comunista Brasileño (PCB). Su Partido del exilio. Acto en que, casualidades de la vida, compartimos mesa de ponencia.

Nos volvimos a ver después, en a Festa de Avante! entre banderas del Partido Comunista Portugués (PCP). Su Partido hasta el final. Entre miles de personas era sencillo de encontrar, sólo era necesario preguntar por él. 

Sus artículos en ODiario.info, medio digital del que fue fundador, tenían siempre el peso y la maestría de la simplicidad que alumbran un contenido revelador. En los últimos meses parecía irse poco a poco despidiendo, cada uno de sus últimos artículos producían en el lector un poco la angustia de una despedida como heraldos prematuros de un fin.

«El fin de la vida útil», llegó a expresar en uno de sus artículos en referencia a su circunstancia vital, aun así siguió escribiendo hasta el final. El final de la útil vida de un hombre que desde el gusto por la vida fue útil a ésta.

© Bonjour Karl 2017